Tengo 45 años y tengo todavia algunas materias pendientes, escribir es una de ellas, lo he querido hacer hace muchos años, pero siempre lo postegue...por cobardes motivos creo yo...Esta noche me he sentido un poco mas valiente y escribi, lo que me salio, lo que puedo contar porque lo vivi, lo vi o me fue cercano. Me voy a sentir halago si alguien lee lo que escribo y si me ayudan a aprender a hacerlo decorosamente me sentire doblemente halagado.
31/10/09 | 19:47: Rolando dice:
Me gusta tu blog, César, me gusta el nombre, creo que refleja lo que nos pasa a muchos... Me gusta tu relato y me gusta que el protagonista se llame como yo...
Te invito amigablemente a conocer mi blog "lapacienteimpaciente" y si querés a mandarme un mensaje. Saludos. R.M
28/02/09 | 20:13: Claudia dice:
Tu sentir se transmite tan humanamente en tus palabras,que pude ver a Rolando y a Juliana en tu cuento. Espero el próximo para volver a conmoverme con laas cosa simples de la vida, esas para las que nunca es tarde...Cariños.
21/05/08 | 08:05: GUSTAVO WEHRLY dice:
Cesar, yo creo que no tenes nada que aprender de nadie, tu cuento es maravilloso con una narración clara y fluida, se nota que te gusta y que lo haces con el corazón que eso en definitiva es lo más importante te voy a segui leyendo, Gustavo del blog (amor y olvido,,,,
Vínculos
Atlantes de papel
Adoctrinamiento, creación y tipografía en la Monarquía Hispánica de los siglos XVI y XVII
En este libro hallará el lector una serie de reflexiones alrededor del impacto de la cultu... Ampliar
Una tarde, una sorpresa inesperado un pequeño giro de la vida con un paso del pasado que nos alcanza
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Rolando, atravesaba la plaza como todas las tardes, vadeando charquitos dejados por la lluvia de la siesta. Llevaba las manos ocupadas, entre la valija del trabajo y las compras para el almuerzo, que hacia las veces de última comida diaria también, eran cerca de las seis de la tarde en un día caluroso y que amenazaba con seguir siendo caluroso y olvidable, como muchos otros entre los días de Rolando. La lluvia había corrido a los artesanos, turistas, cuidadores y pillos dejando la plaza a los pájaros y a quienes valientemente debían pasar por ella para llegar a su casa. Así iba Rolando apurando el paso no por miedo a pasar por allí, sino con la preocupación de mojarse, se escuchaban truenos cercanos y eso indicaba con certeza que volvería a llover.
Casi no la vio, en su apuro por no mojarse, paso de largo frente al banco de piedra saltando los escalones de la escalera de dos en dos, no fueron sus ojos, fue otra sensibilidad distinta lo que lo detuvo, fue algo mas profundo, mas visceral y primitivo lo que hizo que volviera la cabeza y se fijara en la silueta que se recortaba en el respaldo del banco. Su valija y compras rodaron por el suelo y su rostro se congelo con una extraña sonrisa de alegría y espanto. Paso un minuto contemplando a la mujer que se encogía en la piedra, cabellos de fuego y rostro blanco, al fin le salió un nombre desde el mismo fondo de la memoria, Juliana, y extendió las manos en un abrazo, de los ojos de Rolando rodaban gruesas gotas de lluvia, como hacia años que no sucedía y se fundieron en un abrazo.
En un instante con los ojos cerrados recorrió toda su vida, las bolitas y la Troya de sus primos tramposos, el dolor de no saber quien te quiere y quien no, el aroma de la piel estirada de una prostituta esperando que avanzara y el miedo a tocarla, el segundo parto cuando dejo la casa paterna y creyó llevarse la vida por delante dejando un portazo tras de si. Las intrigas amorosas y los estudios truncos, los sueños canjeados por cristalitos de color, promesas de vidas emocionantes, la aplastante de la rutina de su vida hoy, los instantes de la felicidad y lo bueno que habían sido, el mar en toda su grandeza y el amor, terror que sintió cuando la caída empezó y no terminaba el fondo estaba cada vez mas abajo y nada quedo, solo una nueva soledad. Todo paso, paso y se fue y ahora en esta tarde calurosa a punto de desarmarse en gotitas de agua, allí sentada frente a él la mitad de su vida.
Junto torpemente sus cosas desparramadas por el suelo y sin poder articular palabras se sentó al lado de Juliana. Le extendió su mano izquierda con una mueca de no podía ocultar el dolor, la piedad, la vergüenza y todas las cosas que son capaces de conmover a una persona. Juliana le tomo la mano, giro su cabeza y puso sus verdes ojos en la frente de Rolando al tiempo que le disparo un “¿Cómo has estado….????
Me gusta tu blog, César, me gusta el nombre, creo que refleja lo que nos pasa a muchos... Me gusta tu relato y me gusta que el protagonista se llame como yo...
Te invito amigablemente a conocer mi blog "lapacienteimpaciente" y si querés a mandarme un mensaje. Saludos. R.M
Tu sentir se transmite tan humanamente en tus palabras,que pude ver a Rolando y a Juliana en tu cuento. Espero el próximo para volver a conmoverme con laas cosa simples de la vida, esas para las que nunca es tarde...Cariños.
Cesar, yo creo que no tenes nada que aprender de nadie, tu cuento es maravilloso con una narración clara y fluida, se nota que te gusta y que lo haces con el corazón que eso en definitiva es lo más importante te voy a segui leyendo, Gustavo del blog (amor y olvido,,,,
me gusto mucho esa reflexion acerca de los que nos pasa cuando inesperdamente encontramos alguien del pasado, todos esos sentimientos son positivos y cargados de ternura, muy lindo texto. Yo escribo hace mucho y aun no he publicado, nunca es tarde para empezar.
16/04/08 | 17:45: Graciela (Jaque Mate en la Comarca) dice:
César: Bienvenido, yo también soy "nueva" en los blogs, apenas desde hace tres días.
¡qué suerte que esa noche de la que hablás te pobló algo de tu valentía y adelante! Nos regalaste este texto, valioso, entrañable.
En verdad, me atravesó, así como el aire, el frío, las verdades o el miedo.
Excelente, excelente! Ya lo agendo en mis relatos preferidos, ésos que me hacen alejarme de lo que no para acercarme a las palabras, a la expresión de nuestra voz interna.
Te espero en mi blog!! Bienvenido nuevamente
Graciela